La Biblia no es un libro cualquiera. Para la fe cristiana, es la Palabra de Dios escrita por autores humanos bajo la inspiración del Espíritu Santo (2 Timoteo 3:16; 2 Pedro 1:21).
Es inspirada
La expresión "inspirada por Dios" de 2 Timoteo 3:16 afirma el origen divino de la Escritura. Por eso recibimos toda la Biblia como autoridad para la fe y la vida.
Es verdadera y confiable
Dios es verdadero, y Su Palabra también lo es. La Biblia dice la verdad acerca de Dios, de la condición humana, de la salvación y de la obra que Él realiza en la historia.
Permanece
Las culturas cambian y las generaciones pasan, pero la Palabra de Dios permanece. Isaías 40:8 declara: "Sécase la hierba, marchítase la flor; mas la palabra del Dios nuestro permanece para siempre".
Puede ser comprendida
La Biblia contiene pasajes sencillos y otros que exigen estudio cuidadoso. Sin embargo, Dios la dio para ser leída, enseñada y comprendida. Incluso desde la niñez es posible conocer las Escrituras que conducen al conocimiento de la salvación (2 Timoteo 3:15).
Tiene unidad
La Biblia está formada por 66 libros, escritos a lo largo de muchos siglos y en distintos contextos. A pesar de esa diversidad, desarrolla una historia coherente acerca de Dios, la creación, el pecado, la redención y el cumplimiento de Sus propósitos.
Es suficiente para aquello que Dios quiso enseñarnos
La Escritura contiene lo necesario para conocer el Evangelio y para enseñar, corregir e instruir al creyente (2 Timoteo 3:15–17). No necesitamos añadir otra revelación con la misma autoridad.
Debe obedecerse
Leer la Biblia no es sólo acumular información. Santiago exhorta a recibir la Palabra y ponerla por obra (Santiago 1:21–22). El propósito no es simplemente conocer más datos bíblicos, sino aprender lo que Dios ha dicho y responder a Él con fe y obediencia.
Algunos datos básicos
La Biblia evangélica contiene 39 libros en el Antiguo Testamento y 27 en el Nuevo. Sus textos fueron escritos principalmente en hebreo y griego, con algunas secciones en arameo. Reúne diversos géneros literarios, entre ellos narración histórica, poesía, sabiduría, profecía, evangelios y cartas.
Estos datos ayudan a conocer su composición. Su importancia, sin embargo, no depende de curiosidades numéricas, sino de que por medio de ella conocemos lo que Dios ha querido revelarnos.

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